La vida en un beso

La vida en un beso

 

domingo, 29 de marzo de 2026

Nuestros cuentos: ...el viaje continúa

 Despues de una larga ausencia, vamos a subirnos de nuevo al tren  del primer capitulo de esta historia y a continuar el viaje, esta vez con la visión del viaje a traves del corazón de Gaby...

El tren siguió su marcha con un silbido largo que se perdió entre las montañas, y el humo de la locomotora se dibujó en el cielo como un lazo blanco que unía el pasado con el porvenir. El maquinista, ese Cupido disfrazado de hombre de carbón y sonrisa eterna llamado vida se alejó silbando una melodía que parecía hecha de amor y destino.

 Dentro del vagón, todo quedó en silencio, un silencio suave, vivo, de esos que no pesan, de esos que hablan sin decir palabra. tú me mirabas, y en tus ojos pude ver reflejado el fuego del atardecer. Por un instante pensé que el mundo se había detenido solo para mirarnos.

 —¿A dónde crees que nos lleva este tren? — te pregunté, con una sonrisa que intentaba ocultar la emoción que me temblaba en la voz. Te encogiste de hombros, con esa serenidad que tanto me enamora.

 No lo sé… —me dijiste— pero mientras sea contigo, no importa el destino.

 Tus palabras se quedaron suspendidas entre nosotros, y sentí que algo dentro de mí se abría, como si mi corazón hubiera estado esperando escuchar justo eso desde siempre.

 Fuera, los árboles pasaban veloces, y el sol se escondía lentamente detrás de las colinas. La luz dorada se colaba por la ventana, pintando su rostro con tonos de fuego. Yo te observaba en silencio, tratando de memorizar cada gesto, cada detalle de tu expresión. Tenía la sensación de estar viviendo un momento que quedaría grabado para siempre en el alma del tiempo.

 El tren se movía al ritmo de nuestros latidos. Las sombras del anochecer empezaron a cubrir el paisaje, y dentro del vagón las lámparas antiguas encendieron su luz cálida, envolviéndonos en un resplandor íntimo. Me tomaste de la mano. Fue un gesto sencillo, pero en ese instante supe que aquel tren no era de vapor, sino de sentimientos; que su locomotora no funcionaba con carbón, sino con amor.

 ¿Sabes? —me dijiste mientras entrelazabas tus dedos con los míos— A veces pienso que la vida nos hizo esperar tanto para que aprendiéramos a reconocer lo verdadero cuando por fin llegara.

 Yo apoyé mi cabeza en su hombro, y dejé que el sonido del tren nos acunara.—Tal vez por eso duele tanto la espera — susurré—, porque solo lo que vale la pena tarda en llegar.

 Él sonrió, y sin decir nada, me besó la frente. Afuera comenzó a caer una lluvia suave, tan delicada que parecía una bendición. Las gotas golpeaban el cristal de la ventana, dibujando caminos líquidos que se deslizaban lentamente hacia abajo, como si el cielo quisiera escribirnos su propia carta.

 —Prométeme que no bajaremos de este tren —le dije, con los ojos cerrados.

—No pienso hacerlo —respondió sin dudar —. Este tren no tiene estaciones, solo amaneceres.

 Y entonces lo supe: no era un viaje más, era nuestro viaje. Un viaje que no se mide en kilómetros, sino en miradas, en caricias, en silencios compartidos. Un viaje donde cada curva del camino guarda una promesa y cada túnel oscuro termina siempre con su luz esperándome al otro lado.

 Nos quedamos así, abrazados, mientras el tren seguía su curso hacia algún lugar que no necesitábamos conocer.

 El humo se mezclaba con la niebla, el sonido del vapor era un suspiro constante, y en medio de esa música infinita, sentí que el mundo era pequeño y nosotros enormes.

 Quizás Cupido, desde su cabina, nos miraba a través del espejo retrovisor con una sonrisa satisfecha, sabiendo que su misión estaba cumplida.

 Pero lo que él no sabía –o tal vez si- era que nuestro viaje apenas estaba empezando. Porque hay trenes que no tienen destino, sino propósitos.

 Y el nuestro, amor mío, es seguir viajando hasta que el tiempo deje de existir.


Con amor, Gaby 


                         







1 comentario:

  1. Lo he leido decenas de veces, mi amor, y siempre descubro algo que me vuelve a desbocar, el corazón. Gracias por estar en mi vida y acompañarme en este viaje en tren, un viaje que estoy seguro durará eternamente. Te amo, Gaby

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