La vida en un beso

La vida en un beso

 

sábado, 21 de febrero de 2026

Nuestros cuentos: El último tren

     Hoy queremos compartir con vosotros un cuento muy especial, pues creemos que fué un cuento que en cierto sentido le dio alas a nuestra historia, fue un viaje que nos dió un impulso fuerte por todo lo que fuimos tratando en los dos capitulos que tiene esta historia...

    En el primero soy yo el que va mostrando sus sentimientos mas oscuros, que se van transformando en esperanza, en el segundo es Gaby quien va desgranando lo que pasa por su corazon segun avnza este viaje fantastico...

    Y como no queremos destriparos la historia, os dejamos con la primera parte del cuento...y en unos dias tendreis el desenlace.


    Hoy es 12 de septiembre, sábado por la tarde y me encuentro sentado en mi banco de todos los días en la estación de tren, la verdad es que llevo aquí sentado demasiado tiempo, demasiados días incluso demasiados años…tengo la sensación de no haberme movido de este sitio desde que el tiempo que marca nuestras vidas empezó a vencerme poco a poco, inexorablemente y con la crueldad con que solo este mismo tiempo es capaz de destrozar a un hombre.

    Espero un día tras otro para ver aparecer no sé bien qué, algo que rompa la monotonía de esta larga espera, quizás una señal de algo que tampoco sé definir…pero nada aparece y los días son cada vez más cortos y las noches más largas y más oscuras, como si algo en mi interior estuviera apangado mi luz lentamente…

    Mi hogar hace tiempo que se diluyó en el olvido y apenas recuerdo lo que significa esa palabra tras tanto tiempo esperando en el andén de esta estación sin nombre, en la que ya no pasan apenas trenes y los pocos que pasan no se detienen, siguiendo su camino sin ofrecer un asiento a los posibles pasajeros…pero no, no hay posibles pasajeros porque estoy solo en un andén interminable, frio como el hielo y triste como solo lo puede ser la soledad del alma.

    Ese tiempo que ya no sé medir en horas, minutos y segundos sigue su camino sin ni siquiera mirar el daño que causa en mi corazón la larga espera a la que me tiene sometido sin esperanza alguna… pero por alguna razón que se me escapa, el día de hoy trae un aire nuevo, como una brisa que refresca el ambiente y que hace que mi ser recupere unas energías que ya creía perdidas.

    El andén tiene más luz y no parece tan frio como siempre, cuando a lo lejos se escucha el chirrido metálico de unas ruedas frenando sobre las vías y una columna de humo aparece en el horizonte indicándome que hoy es un día especial, un día en que la monotonía de esta espera interminable va a romperse de un momento a otro…

    De repente aparece lentamente el tren que insinuaba la columna de humo, un tren antiguo con su locomotora de vapor, como sacado de un museo de viejas glorias ferroviarias, con su maquinista sonriente y con la cara manchada del carbón de la caldera y que traqueteante avanza despacio pero sin pausa a su destino…

    El maquinista detiene la locomotora ante mí y con un gesto y una sonrisa me invita a subir a su tren y me señala hacia el único y viejo vagón de pasajeros que arrastra tras de sí, como un niño arrastrando un camión de juguete atado a una cuerda, y sin borrar ni un ápice de su sonrisa me dice:

 - Sube, te están esperando…

    No me lo hago repetir y subo con la incertidumbre de lo que puedo encontrar, pero con la confianza de que la amabilidad del maquinista es sincera y no esconde nada que pueda dañar aún más mi corazón…

    El vagón está decorado al estilo del siglo XIX, muebles clásicos y adornos y cortinas que conocieron épocas mejores, pero que aun así hacen brillar el interior del vagón, aunque hay algo más en ese vagón que brilla con luz propia…

    Al fondo del vagón hay una mujer, joven y bellísima, de piel blanca y pelo negro azabache, pequeñita de cuerpo pero con una presencia tan enorme que llena cada rincón del vagón, ella es como los buenos perfumes, dentro de un frasquito pequeño pero con un gran aroma que ofrecer. Me mira con insistencia y una leve sonrisa en su rostro al descubrir mi desconcierto y mi timidez para acercarme, por lo que decide tomar la iniciativa y me ofrece asiento frente a ella:

- Me llamo Gaby, ¿y tú? -me pregunta-

-Yo soy Javi, ¿Qué tal estas?

    A pesar de mi timidez me dejo llevar por su conversación y la belleza de sus facciones y gestos, por sus ojos marrones que esconden mil historias y sensaciones por descubrir, su sonrisa que busca con mi presencia poder iluminar mi corazón, su alegría desbordante cuando encuentra un motivo que la impulsa a sacar toda su esencia y ponerla ante mis ojos como una dulce promesa de felicidad.

    El maquinista anuncia a voz en grito que el tren va a partir y hace sonar la campana antes de iniciar la marcha…en ese momento me doy cuenta de que dejo atrás el andén, el banco y la estación de la que he sido el único residente durante tanto tiempo, mis ojos y mi mente se abren y descubro que estoy viajando en mi último tren, que es mi última oportunidad de engancharme a la vida y que mi bella compañera de viaje no está allí por casualidad…

    Ella ha venido para salvarme, para agarrarme de la mano y sacarme del agujero en el que poco a poco me estaba hundiendo irremediablemente, para guiarme a través de un mundo que ya tenía olvidado y en el que me encuentro como un extraño. Ella es mi sueño y el motivo para seguir soñando, ella empieza a diluir las sombras que me acompañan solo con su sonrisa, ella me conoce como si hubiéramos estado juntos toda una vida y empiezo a pensar que quizás ese es el motivo de que me conozca tan bien, que de alguna manera que solo el destino sabe que ya nos conocíamos sin sospechar que volveríamos a vernos.

    La conversación se vuelve más animada y mis nervios y timidez van desapareciendo poco a poco. Ella sabe escuchar, me deja hablar con una sonrisa, me pregunta sobre lo que le cuento, rellena mis silencios y reconduce la conversación con una facilidad pasmosa, lo que me hace pensar que estoy junto a una mujer con una inteligencia tan grande que me hace parecer pequeñito a su lado, aunque debo confesar que no me importa en absoluto porque me gusta ser pequeñito a su lado.

    No soy consciente del tiempo transcurrido y la verdad es que tampoco me importa, porque ella tiene el poder de congelar ese tiempo que hasta hace poco me hería constantemente y se burlaba de mí, de mis pensamientos y de mis sentimientos. Ella ha conseguido con su presencia que el tiempo se pare y ahora soy yo el que se burla de él y al que desprecio e ignoro, convirtiéndolo en un pasado cada vez más lejano e insignificante.

    Ella ha transformado ese tiempo cruel en una dulce esperanza, en un futuro  de felicidad y una vida llena de amor. Ese tiempo cruel ya es pasado y mi corazón se va llenando hasta rebosar de dicha con el pensamiento, el sentimiento y la certeza de que ella es la mitad que me falta, la que da sentido a mi vida, la que me incita a pelear por ella como don Quijote por su Dulcinea y convertirme en su caballero andante para vencer a todos los molinos de viento, esos molinos inamovibles que ya se me antojan de paja, como la casita de los tres cerditos del cuento…

    Nuestro viaje continúa y cada vez la conversación se vuelve más íntima, más personal, más nuestra…no existe nadie más que nosotros en ese tren y en el mundo y vamos poco a poco introduciéndonos en imaginar una vida en común, nuestra vida siendo dos personas con un solo corazón… dormir juntos, soñar juntos, despertar juntos, reír y llorar siempre juntos, amarnos juntos sin distancia que nos separe…

    Atrás quedan las horas de espera interminables, que se han tornado en un sinfín de momentos inolvidables a bordo de este tren y también en la certeza más absoluta de los inolvidables momentos que nos quedan por vivir.

    Descubro que hoy es 12 de octubre y nos damos cuenta Gaby y yo que llevamos un mes a bordo de este tren de ensueño y sin pensarlo nace nuestro primer beso, un beso tierno, dulce y cargado de emoción y de un amor sin límites, un beso que es presagio de muchos más que están por venir, un beso que es la antesala de una vida repleta de momentos mágicos, un beso en el que nos entregamos la vida uno al otro…

    Nos miramos y giramos los dos hacia la puerta del vagón donde vemos al maquinista, sonriente. Los dos nos damos cuenta a la vez en el parecido del maquinista con Cupido, o por lo menos a nosotros nos lo parece y nace una risa cómplice entre nosotros. Nos sigue sonriendo con esa sonrisa eterna de su rostro y nos dice:

- Solo he venido para asegurarme de que no necesitáis nada, ya habéis descubierto que todo lo que necesitáis lo lleváis dentro, así que continuaremos con vuestro hermoso viaje, amigos. Que seáis muy felices en mi tren…

 

Para esa linda mujer que viaja conmigo en este tren de fantasía y felicidad,

Te amo, Gaby

Siempre tuyo, Javi




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